
¿Qué dijo realmente el Papa?
El tema en boga en nuestros días son las palabras del Papa Benedicto XVI en el libro “Luz del Mundo: El Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos”, entrevista hecha por Peter Seewald. Los medio han dicho de todo, han tergiversado el sentido de las palabras del Papa – como ya lo hicieron con las declaraciones en su viaje a África. Y medio mundo está creyendo a ciegas lo que los Medios de comunicación están presentando en primera plana, se lo creen sin haber leído el libro, sin conocer qué es lo que verdaderamente ha dicho el Papa.
Aun no ha salido la versión española del libro, así que traduzco de la versión italiana la parte “polémica” que ha suscitado tanta revolución en los Mass Media y en buena parte del mundo.
La pregunta sobre los preservativos se encuentra en el capítulo 11, titulado “Viajes Apostólicos” que contiene 14 interrogantes puestas por el entrevistador. Las dos últimas son las que tratan el tema. A continuación lo que dice:
Peter Seewald:
Su visita a África, en marzo de 2009, ha nuevamente llamado la atención de los Media sobre la política del Vaticano en relación al SIDA. El 25% de los enfermos de SIDA en todo el mundo son asistidos por estructuras católicas. En algunos países, como por ejemplo en Lesotho, los enfermos de SIDA representan más del 40% de la población. Usted ha declarado que en África la doctrina tradicional de la Iglesia se ha revelado como el único modo seguro para contrarrestar la difusión del VIH. Los críticos, incluso dentro de la Iglesia, sostienen al contrario que es una locura prohibir a una población amenazada por el SIDA utilizar profilácticos.
Benedicto XVI:
Desde el punto de vista periodístico, el viaje a África ha sido completamente oscurecido por una única frase mía. Me ha sido preguntado por qué la Iglesia Católica, relativamente al SIDA, asumiere una posición irrealista e ineficaz. De este modo me he sentido como desafiado porque la Iglesia hace más que todos los otros. Y continúo a sostenerlo; porque la Iglesia es la única institución verdaderamente cercana a las personas, muy concretamente en el prevenir, educar, ayudar, aconsejar y estar al lado; y porque como ningún otro tiene cuidado de tantos enfermos de SIDA y en particular de tantísimos niños golpeados por esta enfermedad.
He podido visitar una de estas estructuras para los enfermos de SIDA y he encontrado los enfermos, y me han dicho: la Iglesia hace más que los demás porque no habla solo en los periódicos, sino que ayuda a los hermanos y hermanas en el lugar. Diciendo esto no había tomado posición sobre el problema de los profilácticos en general, sino solamente he dicho lo que después ha suscitado tantos resentimientos: que no se puede resolver el problema con la distribución de profilácticos. Es necesario hacer mucho más. Debemos estar cercarnos a las personas, guiarles, ayudarles y esto incluso antes que se enfermen.
La verdad es que los profilácticos están a disposición en todas partes, quien los quiere los encuentra de inmediato. Pero solo esto no resuelve la cuestión. Es necesario hacer mucho más. Mientras tanto, incluso en ámbito secular, se ha desarrollado la llamada teoría ABC, sigla que significa “Abstinence – Be Faithuful – Condom (Abstinencia – Fidelidad – Condón); ahí donde el profiláctico es considerado solo como escapatoria, cuando faltan los otros dos elementos. Esto significa que concentrarse solo en el profiláctico significa banalizar la sexualidad, y esta banalización representa la peligrosa razón por la que tantas y tantas personas en la sexualidad no ven más la expresión de su amor, sino solamente una especie de droga, que se suministran por sí mismas. Por eso también la lucha contra la banalización de la sexualidad es parte del gran esfuerzo a fin que la sexualidad venga valorada positivamente y pueda ejercitar su efecto positivo en el ser humano en su totalidad.
Pueden existir singulares casos justificados, por ejemplo cuando una prostituta utiliza un profiláctico, y este puede ser el primer paso hacia una moralización, un primer acto de responsabilidad para desarrollar de nuevo la conciencia del hecho que no todo es permitido y que no se puede hacer todo lo que se quiera. Sin embargo, este no es el modo verdadero y propio para vencer la infección del VIH. Es verdaderamente necesaria una humanización de la sexualidad.
Peter Seewald:
¿Esto significa, por tanto, que la Iglesia Católica no es fundamentalmente al uso de los profilácticos?
Benedicto XVI:
Naturalmente la Iglesia no considera los profilácticos como la solución auténtica y moral. Sin embargo, en uno o en otro caso, con la intención de disminuir el peligro de contagio, puede representar un primer paso en la vía que porta a una sexualidad diversamente vivida, más humana.